sábado, 31 de agosto de 2019

Expedición de Almagro a Chile - 3 de julio de 1535.​


Mientras el Imperio Inca caía en manos de los conquistadores, llegó a Sudamérica la noticia de que el rey había accedido otorgar una gobernación a Diego de Almagro, llamada Nueva Toledo, que estaría ubicada exactamente al sur de la gobernación de Francisco Pizarro. Esta decisión generó nuevamente un enfrentamiento entre los antiguos socios de la conquista ya que la ciudad de Cuzco quedaba dentro de la jurisdicción de Almagro, con lo cual la gobernación del Perú o de la Nueva Castilla perdía su principal ciudad. Pizarro suplicó a Almagro que dejara al Cuzco bajo su jurisdicción, alentándolo a conquistar una comarca que se hallaba más al sur denominada Chile, que según los indios era muy rica en metales preciosos.​

Como garantía de su pedido Pizarro prometió a Almagro que si no encontraba riquezas en Chile podría regresar y ambos se repartirían el Perú como hermanos. Más tarde se corroborará que las exageradas historias sobre la riqueza chilena habían sido fomentadas intencionadamente por los propios incas con el objetivo de dispersar a las tropas españolas, enviarlas a combatir con los temibles mapuches y alejarlas lo más posible de Cuzco.​

Almagro era un aficionado a las aventuras y además estaba ansioso por conocer y conquistar la gobernación que tanto había anhelado, por lo que finalmente aceptó el pedido de Pizarro y solicitó a Manco Inca, emperador títere designado por los españoles, que comisionara a dos señores principales con el objetivo de que estos informaran a los distintos pueblos del sur que los europeos eran ahora los nuevos soberanos de la región. Manco comisionó para esta misión a su propio hermano Paullu Topa y al sumo sacerdote Villac Umu, quienes fueron enviados inmediatamente hacia el sur acompañados por tres castellanos a caballo. Luego Almagro despachó una primera expedición a las órdenes de Juan Saavedra, quien fundó el pueblo de Paria, primer asentamiento español de la gobernación de Nueva Toledo y finalmente el propio Diego de Almagro partió desde Cuzco el 3 de julio de 1535.​

La expedición de Almagro atravesó la meseta del collao, pasando por Paria y Topisa (hoy Tupiza), donde los aguardaban Paullu Topa y Villac Umu. Los tres españoles que debían acompañar a los emisarios incas habían desaparecido, supuestamente con el objetivo de adelantarse en la conquista de Chile. Los indios hicieron saber a Almagro que la tierra ubicada más al sur era pobre y habitada por tribus belicosas y que las únicas dos vías de acceso a Chile eran peligrosas: la ruta del desierto de Atacama o el paso por la cordillera de los Andes. Los españoles se definieron por la segunda opción y continuaron su avance hacia lo que actualmente es la provincia argentina de Jujuy. Mientras tanto, cuando Almagro aún estaba en Tupiza se produjo una noche la fuga de Villac Umu quien comenzó a estimular una sublevación de los indios de la región contra los castellanos.​

Al llegar la expedición al valle de Quiriquirí (Santiago del Estero, Argentina) se cruzó con una colonia de mitimaes del Inca, establecidos allí para controlar a los naturales de la provincia. Estos mitimaes enterados de la situación que atravesaba el Perú, conspiraron para matar a los españoles, sin embargo la gente de Almagro venció en esta batalla​ y prosiguió su viaje hacia la cordillera andina, cuyo traspaso hacia los amenos valles chilenos de Copiapó resultó sumamente arduo y sacrificado.​ Una vez en Copiapó, Almagro se enteró que los tres castellanos que se habían adelantado por su cuenta habían muerto allí a manos de los indios. Sin poder entablar vínculo con las desconfiadas tribus del lugar, la expedición continuó viaje por los solitarios valles de Huasco y Coquimbo, con la noticia de que más al sur la tierra era mala y estéril.​

Otra noticia que recibió Almagro en Coquimbo fue que en la provincia de Chile habitaba un español, llamado Gonzalo Calvo de Barrientos. La historia de este español era curiosa, ya que en Lima le habían hecho cortar las orejas por ladrón y tras este hecho había decidido exiliarse tierra adentro, hasta Chile, donde el barbudo blanco fue recibido con admiración por los indios, a tal punto que un cacique del lugar le había nombrado al mando de sus guerreros. Almagro ordenó anunciar su llegada a Barrientos y este a su vez pidió a los indios del lugar que recibiesen a los españoles como amigos y él mismo se adelantó para dar la bienvenida a sus compatriotas, ofreciéndoles maíz y ovejas. Poco antes de llegar al pueblo de Aconcagua, cabecera de la provincia, la expedición recibió la grata noticia que cerca de allí acababa de llegar el pequeño buque Santiago, con armas, hierro y ropa.

Todo parecía comenzar a salir bien para los españoles, al punto que su arribo a Aconcagua fue una fiesta, sin embargo pronto llegó la decepción cuando al indagar sobre las características de la región los indios afirmaron de que allí y más al sur no había oro ni grandes ciudades como las del Perú, sino que sus habitantes vivían en cuevas o villorios de tan solo diez o doce casas, vestían con pellejos de animal y no comían maíz, sino raíces, yerbas y granos silvestres.​ Almagro encomendó al capitán Gómez de Alvarado partir rumbo al sur al mando de ochenta jinetes, quienes confirmaron el relato de los indios. Ante este panorama desolador, todos los españoles comenzaron a clamar por la vuelta al Cuzco, aquella joya del Perú, que por disposición del rey pertenecía a la gobernación de Nueva Toledo. Finalmente Almagro ordenó la retirada, aunque esta vez, recordando lo sacrificado que había sido el paso por los Andes, se decidió tomar el camino de la costa, el del desierto de Atacama, llegando al Perú en octubre de 1536.

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