Las leyendas sobre lugares perdidos u
ocultos en selvas, montañas y desiertos del Nuevo
Mundo fueron una constante para los conquistadores españoles, sobre los que ejercieron una sorprendente
influencia que mezclaba ilusión, codicia e ingenua credulidad a
partes iguales. El Dorado, las Siete Ciudades de Cíbola, Quivira, la
fuente de la Eterna Juventud, el reino de Paititi, la Ciudad Blanca…
La fabulosa riqueza que se suponía tenían tales sitios impulsó no
pocas expediciones en su busca que, en buena parte
de los casos, no podían tener otro final que el desastre. Sin
embargo, uno de los enclaves fantásticos más sorprendentes no tuvo
su origen en historias indias o mitos clásicos sino que nació de
los propios españoles: la ciudad perdida de Trapalanda.
La ciudad se caracterizó por ser buscada intensamente durante la época colonial, pues se suponía que había sido fundada según las diferentes versiones, por españoles (náufragos, o exiliados), y/o por mitimaes incas; y que estaba llena de riquezas, principalmente oro y plata. La primera referencia sobre su existencia aparece con la expedición realizada por el capitán Francisco César en 1528, en el marco de una avanzada mayor dirigida por Sebastián Gaboto en busca de la legendaria Sierra de la Plata. Gaboto había partido desde España en 1526 con la misión original de alcanzar las Molucas, cruzando el estrecho de Magallanes. Sin embargo, durante su escala en Pernanbucoc(Brasil), la expedición escuchó las primeras versiones sobre una rica tierra en el interior sudamericano a la cual se podría acceder a través de un gran estuario ubicado más al sur.
La ciudad se caracterizó por ser buscada intensamente durante la época colonial, pues se suponía que había sido fundada según las diferentes versiones, por españoles (náufragos, o exiliados), y/o por mitimaes incas; y que estaba llena de riquezas, principalmente oro y plata. La primera referencia sobre su existencia aparece con la expedición realizada por el capitán Francisco César en 1528, en el marco de una avanzada mayor dirigida por Sebastián Gaboto en busca de la legendaria Sierra de la Plata. Gaboto había partido desde España en 1526 con la misión original de alcanzar las Molucas, cruzando el estrecho de Magallanes. Sin embargo, durante su escala en Pernanbucoc(Brasil), la expedición escuchó las primeras versiones sobre una rica tierra en el interior sudamericano a la cual se podría acceder a través de un gran estuario ubicado más al sur.
En Santa Catarina, Gaboto tomó contacto con
Melchor Ramírez y Enrique Montes, náufragos de la frustrada
expedición de Juan Díaz de Solís al Río de la Plata de 1516,
quienes confirmaron los rumores mostrándole algunos metales
preciosos y relatándole la saga de Alejo García, otro náufrago
de la expedición de Solís que, confiado en el relato de
los indios, se había internado en lo profundo del continente hasta
las tierras del Rey Blanco (Imperio Inca), donde estaba la
supuesta Sierra de la Plata (Cerro Rico de Potosí).
Según esta versión, García había conseguido su
objetivo hallando grandes riquezas en el actual altiplano
boliviano, aunque finalmente terminó siendo asesinado por los indios
payaguas en su camino de regreso hacia la costa atlántica. Todos
estos testimonios convencieron a Gaboto para abandonar la misión
original en busca de las prometedoras riquezas sudamericanas. Cabe
destacar que para ese entonces aún los españoles desconocían la
existencia del Imperio Inca, que recién sería descubierto
por Francisco Pizarro en 1528 descendiendo por la
costa del Pacífico desde la ciudad de Panamá. En la
confluencia del Paraná con el Carcaraña, Gaboto
decidió establecer el fuerte de Sancti Spiritu (1527),
primer asentamiento europeo en la cuenca del Río de la Plata que
serviría como base para la conquista de la región. Mientras se
realizaban los preparativos para remontar nuevamente el río
Paraná, tras un primer intento fallido, el capitán Francisco César
solicitó y obtuvo autorización para realizar su propia exploración,
junto a unos pocos hombres, desde Sancti Spiritu hacia el
oeste, viaje que marcaría el comienzo de la leyenda de la Ciudad
de los Césares. Finalmente, poco después, los indios del lugar
terminaron arrasando el fuerte español con lo cual Gaboto tuvo que
aceptar su derrota y emprender el retorno a España. Más allá de no
haber obtenido resultados concretos, la expedición de Gaboto sirvió
para consolidar en Europa la fama de la Sierra de la Plata y
el rumor de que en algún lugar, cerca de allí, también existía
una gran ciudad llena de riquezas conocida como la Ciudad de los
Césares.
El conquistador y cronista Ruy Díaz de
Guzmán elaboró una versión de la expedicion de Francisco César. Díaz
dijo haberla escuchado de boca de Gonzalo Saénz Garzon, quien a su
vez afirmó haberla oído del propio capitán Francisco César en
la ciudad de Lima. Esta versión relata que Francisco César y
su gente llegaron hasta la Cordillera de los Andes, donde
encontraron una provincia rica y fértil, con ganado, metales
preciosos y mucha gente al mando de un cacique que habría recibido
gentilmente a la avanzada española obsequiándole regalos al capitán
César tras su despedida. Sin embargo, al volver a Sancti
Spiritu la expedición habría encontrado el fuerte quemado, sin
rastros de Gaboto y sus hombres por lo que, bajo esas
circunstancia, César habrían decidido encaminarse hacia
el Perú junto a sus soldados, ya que habría tenido
noticias de la llegada de Francisco Pizarro a aquellas
tierras. Así, la avanzada de Francisco César habría atravesado
la Cordillera de los Andes en un punto donde la altura les
permitía ver mar a ambos lados, para luego continuar viaje surcando
la costa del Pacífico pasando
por Atacama, Lipez y Charcas hasta el Cuzco,
llegando justo en el momento en que Pizarro mantenía cautivo al
emperador inca Atahualpa. Según esta versión, el épico viaje
de Francisco César a través de media Sudamérica habría
durado siete años y tras ella, sus hombres habrían sido bautizados
como Los Césares y la expedición en general habría sido
conocida como la Conquista de los Césares, que por su extensión
comenzó a creerse que podría haber abarcado sitios tan lejanos como
el sudoeste de la Pampa o incluso la Patagonia.

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