jueves, 15 de agosto de 2019

La ciudad perdida deTrapalanda o ciudad de los Césares


Las leyendas sobre lugares perdidos u ocultos en selvas, montañas y desiertos del Nuevo Mundo fueron una constante para los conquistadores españoles, sobre los que ejercieron una sorprendente influencia que mezclaba ilusión, codicia e ingenua credulidad a partes iguales. El Dorado, las Siete Ciudades de Cíbola, Quivira, la fuente de la Eterna Juventud, el reino de Paititi, la Ciudad Blanca… La fabulosa riqueza que se suponía tenían tales sitios impulsó no pocas expediciones en su busca que, en buena parte de los casos, no podían tener otro final que el desastre. Sin embargo, uno de los enclaves fantásticos más sorprendentes no tuvo su origen en historias indias o mitos clásicos sino que nació de los propios españoles: la ciudad perdida de Trapalanda.
La ciudad se caracterizó por ser buscada intensamente durante la época colonial, pues se suponía que había sido fundada según las diferentes versiones, por españoles (náufragos, o exiliados), y/o por mitimaes incas; y que estaba llena de riquezas, principalmente oro y plata. La primera referencia sobre su existencia aparece con la expedición realizada por el capitán Francisco César en 1528, en el marco de una avanzada mayor dirigida por Sebastián Gaboto en busca de la legendaria Sierra de la Plata. Gaboto había partido desde España en 1526 con la misión original de alcanzar las Molucas, cruzando el estrecho de Magallanes. Sin embargo, durante su escala en Pernanbucoc(Brasil), la expedición escuchó las primeras versiones sobre una rica tierra en el interior sudamericano a la cual se podría acceder a través de un gran estuario ubicado más al sur.​

En Santa Catarina, Gaboto tomó contacto con Melchor Ramírez y Enrique Montes, náufragos de la frustrada expedición de Juan Díaz de Solís al Río de la Plata de 1516, quienes confirmaron los rumores mostrándole algunos metales preciosos y relatándole la saga de Alejo García, otro náufrago de la expedición de Solís que, confiado en el relato de los indios, se había internado en lo profundo del continente hasta las tierras del Rey Blanco (Imperio Inca), donde estaba la supuesta Sierra de la Plata (Cerro Rico de Potosí).​

Según esta versión, García había conseguido su objetivo hallando grandes riquezas en el actual altiplano boliviano, aunque finalmente terminó siendo asesinado por los indios payaguas en su camino de regreso hacia la costa atlántica. Todos estos testimonios convencieron a Gaboto para abandonar la misión original en busca de las prometedoras riquezas sudamericanas. Cabe destacar que para ese entonces aún los españoles desconocían la existencia del Imperio Inca, que recién sería descubierto por Francisco Pizarro en 1528 descendiendo por la costa del Pacífico desde la ciudad de Panamá. En la confluencia del Paraná con el Carcaraña, Gaboto decidió establecer el fuerte de Sancti Spiritu (1527), primer asentamiento europeo en la cuenca del Río de la Plata que serviría como base para la conquista de la región.​ Mientras se realizaban los preparativos para remontar nuevamente el río Paraná, tras un primer intento fallido, el capitán Francisco César solicitó y obtuvo autorización para realizar su propia exploración, junto a unos pocos hombres, desde Sancti Spiritu hacia el oeste, viaje que marcaría el comienzo de la leyenda de la Ciudad de los Césares. Finalmente, poco después, los indios del lugar terminaron arrasando el fuerte español con lo cual Gaboto tuvo que aceptar su derrota y emprender el retorno a España. Más allá de no haber obtenido resultados concretos, la expedición de Gaboto sirvió para consolidar en Europa la fama de la Sierra de la Plata y el rumor de que en algún lugar, cerca de allí, también existía una gran ciudad llena de riquezas conocida como la Ciudad de los Césares.

El conquistador y cronista Ruy Díaz de Guzmán elaboró una versión de la expedicion de Francisco César. Díaz dijo haberla escuchado de boca de Gonzalo Saénz Garzon, quien a su vez afirmó haberla oído del propio capitán Francisco César en la ciudad de Lima. Esta versión relata que Francisco César y su gente llegaron hasta la Cordillera de los Andes, donde encontraron una provincia rica y fértil, con ganado, metales preciosos y mucha gente al mando de un cacique que habría recibido gentilmente a la avanzada española obsequiándole regalos al capitán César tras su despedida. Sin embargo, al volver a Sancti Spiritu la expedición habría encontrado el fuerte quemado, sin rastros de Gaboto y sus hombres por lo que, bajo esas circunstancia, César habrían decidido encaminarse hacia el Perú junto a sus soldados, ya que habría tenido noticias de la llegada de Francisco Pizarro a aquellas tierras. Así, la avanzada de Francisco César habría atravesado la Cordillera de los Andes en un punto donde la altura les permitía ver mar a ambos lados, para luego continuar viaje surcando la costa del Pacífico pasando por Atacama, Lipez y Charcas hasta el Cuzco, llegando justo en el momento en que Pizarro mantenía cautivo al emperador inca Atahualpa. Según esta versión, el épico viaje de Francisco César a través de media Sudamérica habría durado siete años y tras ella, sus hombres habrían sido bautizados como Los Césares y la expedición en general habría sido conocida como la Conquista de los Césares, que por su extensión comenzó a creerse que podría haber abarcado sitios tan lejanos como el sudoeste de la Pampa o incluso la Patagonia.

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