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| Indios trabajando, de Diego de Rivera |
En la década del noventa, en la etapa final de la conquista del
Tucumán, se profundizaron los abusos y malos tratos a la población
indígena mientras se reforzaba el poder de los encomenderos a cambio
de su colaboración militar. Esta situación se tradujo en el
incremento de la mortalidad indígena afectada por las pestes y
epidemias resultantes del exceso de trabajo, la falta de comida y los
malos tratos, entrecruzadas con un período de sequía. En los
primeros años del siglo XVII las autoridades del Tucumán
reconocieron que la población indígena restante era sólo una
décima parte de la original.
A comienzos del siglo XVII otro gobernador del Tucumán, Alonso de
la Rivera, preocupado por la continuidad del descenso de la
población, presentó una relación al rey relatando los excesos que
se reiteraban en todo el territorio. Denunciaba que los encomenderos
no respetaban los días de descanso de los indios, ni el tiempo para
ocuparse de sus sementeras ni tampoco sus tierras "porque todas
... les tienen tomadas sus encomenderos". Los encomenderos
robaban a los indios su ganado y vendían todo lo que éstos
cultivaban en pueblos, mientras la población seguía disminuyendo,
continuaban los malos tratos que provocaban la huida hacia el Perú y
se reiteraban las quejas contra los sayapayas o pobleros. El
gobernador insistía en que los indios seguían siendo vasallos de
.los encomenderos y no de la corona, y que esta situación sólo
podía modificarse con la participación de nuevas autoridades que
fueran "forasteras" y "desinteresadas" porque las
actuales eran vecinos que impedían la aplicación de la "real
justicia".

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