martes, 10 de septiembre de 2019

El costo de la conquista para la sociedad indígena

Indios trabajando, de Diego de Rivera

En la década del noventa, en la etapa final de la conquista del Tucumán, se profundizaron los abusos y malos tratos a la población indígena mientras se reforzaba el poder de los encomenderos a cambio de su colaboración militar. Esta situación se tradujo en el incremento de la mortalidad indígena afectada por las pestes y epidemias resultantes del exceso de trabajo, la falta de comida y los malos tratos, entrecruzadas con un período de sequía. En los primeros años del siglo XVII las autoridades del Tucumán reconocieron que la población indígena restante era sólo una décima parte de la original.
Es en esta situación tan crítica para los indios sometidos donde actúa el gobernador Ramírez de Velasco que, con su efectivo accionar político y militar, logra concluir la etapa inicial de la conquista apoyando a los encomenderos y a costa de la población indígena pacificada. A la sobreexplotación, maltrato, invasión militar, yanaconización, mortalidad y expulsión de los hombres hacia otras jurisdicciones, los indígenas respondieron con el abandono de los pueblos y el bandidaje en los caminos, movimiento que fue acompañado, apoyado u organizado por los sacerdotes de la antigua sociedad indígena. La represión del gobernador consistió en nombrar los -primeros funcionarios para el área rural (alcaldes de hermandad), en apresar a algunos salteadores y a cuarenta "hechiceros [ ... ] viejos de más de 70 años", y en quemar a varios de ellos. Para estos años, también en Córdoba hubo actuaciones similares sobre las "hechiceras". Tanto en Santiago como en Córdoba éstos eran años de sequías, hambre y pestes que originaron el consecuente abandono de los pueblos en búsqueda de las zonas de caza y recolección. En estos bosques fue donde se consolidó el poder de los "hechiceros". Los indios de paz remisos a la entrega del tributo que habitaban en las jurisdicciones de las ciudades de Córdoba, Santiago y Salta son declarados "indios de guerra" y capturados en expediciones militares, para ser finalmente asentados en las chacras de los encomenderos en carácter de yanaconas.



A comienzos del siglo XVII otro gobernador del Tucumán, Alonso de la Rivera, preocupado por la continuidad del descenso de la población, presentó una relación al rey relatando los excesos que se reiteraban en todo el territorio. Denunciaba que los encomenderos no respetaban los días de descanso de los indios, ni el tiempo para ocuparse de sus sementeras ni tampoco sus tierras "porque todas ... les tienen tomadas sus encomenderos". Los encomenderos robaban a los indios su ganado y vendían todo lo que éstos cultivaban en pueblos, mientras la población seguía disminuyendo, continuaban los malos tratos que provocaban la huida hacia el Perú y se reiteraban las quejas contra los sayapayas o pobleros. El gobernador insistía en que los indios seguían siendo vasallos de .los encomenderos y no de la corona, y que esta situación sólo podía modificarse con la participación de nuevas autoridades que fueran "forasteras" y "desinteresadas" porque las actuales eran vecinos que impedían la aplicación de la "real justicia".

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