viernes, 2 de agosto de 2019

Las capitulaciones de conquista y el quinto real


Capitulaciones de Sante Fe
Si la Corona hubiera sufragado la conquista de América, es probable que ésta hubiera, sido más lenta. A mediados del siglo XV los españoles dominaban grandes territorios y pueblos desde el norte de México hasta Chile y el Río de la Plata. El éxito se debe a las capitulaciones, que transformaron esta actividad en una empresa privada de carácter popular.

Las capitulaciones de conquista consistieron en autorizaciones reales que delegaban en un individuo responsable la acción de dominar un territorio indígena insumiso, que luego sería propiedad de la Corona. Dicho individuo corría con todos los gastos de la misma y se beneficiaría con una gran parte del botín que pudiera lograr. La Corona, como dueña potencial de dicho territorio, imponía las condiciones, otorgaba las mercedes que considerara oportunas y recibía el quinto real o 20% del botín que se capturase. La empresa conquistadora se constituía a crédito y con un capital complejo estatal, privado y comunal. Con la riqueza que se lograse arrebatar a los indios se pagarían los gastos de las expediciones, los sueldos de los soldados y los beneficios de los capitalistas que pusieron el dinero. El capital estatal estaba representado por la autorización real para entrar en sus dominios y se materializaba en el pago del quinto real del botín; el capital privado lo ponía el capitán conquistador, quien por lo general formaba sociedad con personas ricas (encomenderos, clérigos y mercaderes) que le prestaban el dinero necesario para organizar la empresa; el capital comunal lo ponían los soldados que se enrolaban en la empresa. Por su trabajo cobraban ya una parte del hipotético botín, pero podían ir sumando otras medias partes o partes enteras adicionales poniendo sus armas, caballos, etc. Este procedimiento de conquistar a crédito tenía la ventaja de canalizar un gran número de intereses hacia el objetivo común de obtener el botín, única forma de que todos cobraran el capital invertido.

Además del botín, la conquista tenía otros dos incentivos principales: los rescates de personajes principales y las encomiendas en las ciudades que se construyeran dentro del territorio conquistado. Lo primero se usó a partir de la conquista de México, y consistía en exigir una gran suma al jefe indígena a cambio de su supuesta libertad que nunca se le concedía, como se hizo con Atahualpa o Moctecuhzoma. En cuanto a las encomiendas, eran lo que realmente movía a los conquistadores, que pretendían vivir como señores, sin trabajar y a costa de los indios. El reparto del botín era extremadamente complejo. Se separaba primero el quinto real, luego los costos generales de la expedición, las pérdidas sufridas durante la misma y finalmente se procedía a hacer el número de partes totales, dando a cada uno la suya.

Aparte de las conquistas capituladas con la Corona, se dieron otras:

-Las subdelegadas, encargadas por alguna autoridad indiana como un virrey o un gobernador (Valdivia, Diego de Rojas).

-Las que obedecieron a la ambición de los jefes de hueste (Cortés, Jiménez de Quesada).


En Brasil, la empresa conquistadora tuvo unos matices diferentes: el hecho de que los portugueses tuvieran un excelente negocio, como eran la especiería y el mercado asiático, motivaron que la Corona se desentendiera de su conquista hasta que vio en peligro la posesión del territorio a causa de las incursiones de los castellanos y franceses. La monarquía tenía muchos problemas para afrontar la conquista y decidió delegarla en los señores feudales que desearan realizarla, para lo que dividió la cota en 15 capitanías que Juan III entregó a 12 capitanes donatarios, que, a cambio de colonizarlas a su costa, obtenían la posesión de la tierra, que traspasaría luego a su heredero y descendientes, así como su jurisdicción civil y criminal e infinidad de prebendas señoriales. Sin embargo, el sistema fracasó y las capitanías revirtieron al monarca.

No hay comentarios:

Publicar un comentario