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| Mapamundi de Domingos Teixeira (1573). Tratado de Tordesillas |
El segundo viaje colombino se hizo con tres
objetivos: socorrer a los españoles del fuerte de la Navidad,
continuar los descubrimientos, tratando de alcanzar las tierras del
Gran Khan y colonizar las islas halladas anteriormente. La armada se
preparó febrilmente en Cádiz y Sevilla y se hizo a la mar el 25 de
septiembre de 1493. Tras hacer escala en Canarias, Colón ordenó un
rumbo mucho más al sur que en su primer viaje, esperando llegar así
a Cipango (antiguo nombre dado por los europeos y chinos a Japón en
la Baja Edad Media y durante la Edad Moderna), pero lo que de verdad encontró fue la ruta
más rápida y segura para llegar a América.
Colón puso rumbo a Cuba y pasó luego a Jamaica,
bautizada como Santiago. Tras este viaje se dedicó a consolidar el
dominio sobre La Española. En 1496 regresó a España,
llegando a Cádiz el 11 de junio. Colón llegó a Cádiz en
junio y pidió una entrevista con los Reyes, que se le concedió en
Burgos el otoño siguiente. Allí se presentó con el poco oro que
pudo reunir, sus animales exóticos y muchas promesas. Comprendiendo
que era muy poco frente al gasto que había originado, recurrió a
ponderar los enormes servicios que se prestarían a la Iglesia con la
evangelización de los indios, algo a lo que era especialmente
sensible la reina Isabel. Finalmente, los R.R.C.C. le aseguraron que
aquello les compensaba de todo y que seguirían apoyando la
colonización y los descubrimientos.
Los descubrimientos colombinos plantearon a los
Reyes algunos problemas que resolvieron en muy pocos meses, como el
de la incorporación de las Indias a la Corona de Castilla y el
derecho a ocupar las nuevas tierras. Se decidió anexionar las Indias
a la Corona de Castilla, debido a que Castilla contaba con un tratado
básico que regulaba los límites de lo descubierto con Portugal: el
Tratado de Alcaçobas-Toledo. Sin embargo, el Tratado no resolvía la
cuestión, por lo que los R.R.C.C. acudieron al Papa Alejandro VI
para que arbitrara en su disputa con otro príncipe cristiano. Los
R.R.C.C. aprovecharon la circunstancia de que Alejandro VI era
español para equipar sus derechos sobre las Indias a los que los
portugueses habían logrado en sus dominios africanos. El Papa
Alejandro VI concedió 5 bulas, documentos que han planteado muchos
problemas, pues están antedatadas:
El Papa concedía a los Reyes de Castilla las
tierras descubiertas y por descubrir, hacia la India, que no
pertenecieran a ningún príncipe cristiano. Dividía el océano en
dos partes, mediante una línea de polo a polo que se trazaría a 100
leguas al oeste de las islas Azores y Cabo Verde. Las tierras al
occidente de dicha línea serían para Castilla y las del oriente
portuguesas. Daba también a los R.R.C.C. en sus territorios los
mismos privilegios otorgados a los Reyes de Portugal en los suyos.
El monarca portugués no aceptó la línea de
demarcación y empezó una negociación diplomática entre Castilla y
Portugal, en la que se acordó colocarla a 370 leguas al oeste de
Cabo Verde. El convenio se plasmó en el Tratado de Tordesillas,
firmado el 7 de junio de 1494, mediante el cual las tierras
descubiertas o que se descubrieran al oeste de dicha línea serían
castellanas, y las situadas al este de la misma serían portuguesas.
La nueva línea permitió la ocupación de Brasil por parte de
Portugal, lo que se ha interpretado como que los portugueses ya
habían descubierto Brasil.
Colón tuvo que esperar casi tres años para
emprender su tercer viaje. Hubo de nuevo mucha dificultad para buscar
nuevos colonos, ya que los informes venidos de Indias habían apagado
el entusiasmo popular, y los Reyes tuvieron que recurrir a indultar
de sus penas a quienes tuvieran delitos pendientes a cambio de servir
en las Indias. La expedición contó con 8 naces. Las dos primeras
carabelas, la Pinta y la Niña, partieron en vanguardia el 23 de
enero de 1498, directamente hacia la Española, para llevar
refuerzos. Las otras seis, bajo el mando de Colón, se hicieron a la
mar el 30 de mayo. Una vez en Canarias, Colón envió otras tres
naves a la Española y se quedó con una nao y dos carabelas para
poder realizar nuevos descubrimientos, llegando el 31 de julio a la
isla Trinidad, frente a Venezuela, donde consideró que había estado
ubicado el Paraíso Terrenal. Después, recorrió la Península de
Paria, enrumbó hacia la Española y desembarcó en Santo Domingo el
31 de agosto de 1498.
Colón se encontró Santo Domingo en un estado
deplorable: durante su ausencia se habían sublevado los indios y los
españoles contra el gobierno de su hermano. El Almirante autorizó
los repartimientos de tierras de indios e incluso el servicio
personal de los mismos, pero no consiguió contener del descontento,
por lo que ordenó medidas disciplinarias, apresó a los más
rebeldes y mandó ahorcar a un cabecilla indígena.
Las noticias de los desmanes de la Española
llegaron pronto a la Corte y los R.R.C.C. nombraron a Francisco de
Bobadilla, juez pesquisidor, para averiguar qué pasaba realmente.
Llegó a la Española y se apoderó de la casa, bienes y papeles de
Colón, a quien abrió un proceso y puso grilletes. Dio libertad para
coger oro, pagó los sueldos atrasados, vendió tierras e hizo nuevos
repartimientos. Las acusaciones contra Colón fueron numerosas y el
juez tomó nota de todas, sin permitir que el Almirante hiciera
descargos. Finalmente metió en una carabela a los tres hermanos
Colón y los remitió a España, donde los Reyes mandaron poner en
libertad al Almirante y le pidieron que fuera a Granada. Allí le
expresaron su desagrado por todo lo sucedido y no le restituyeron sus
privilegios, nombrando un nuevo Gobernador para la Española, frey
Nicolás de Ovando. A Colón se le seguía reconociendo su calidad de
Almirante, pero no su capacidad de organizar y gobernar una colonia
de españoles e indígenas, ni el monopolio de ser el único
descubridor, pues desde hacía un año estaban saliendo hacia las
Indias otros viajes de descubrimiento y rescate que iban completando
el mapa americano. Había concluido el gran ciclo colombino.

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