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| Indios Lules |
Los tres
siglos del período colonial, desde el XVI al XVIII, concluyeron con la poblacion indígena
diezmada por guerras, epidemias, exceso de trabajo y matos tratos, y
con la mitad de los indios sobrevivientes sin presentar diferencias
sociales y culturales significativas luego de un proceso donde fueron
perdiendo sus tierras, su sistema económico-social y sus autoridades
tradicionales.
Estamos frente a un Estado colonial que necesita colonizar un
mundo indígena diverso situado en estas gobernaciones consideradas
como pobres y de frontera, debido a la falta de grandes minas de oro
y plata y a la gran distancia que las separaba de la ciudad de Lima,
capital del Virreinato del Perú. En estas tierras el Estado colonial
será especialmente flexible frente a los "vecinos encomenderos"
y sus intereses, a pesar de que esto sucede en un período donde la
política general de la corona era ir centralizando las funciones del
Estado mientras recortaba el poder de los señores. Para evitar la incorrecta unificación de todas estas sociedades
con el nombre genérico de "indios" y la larga descripción
de cada grupo en particular, se agrupará a los distintos pueblos
indígenas de acuerdo con las zonas que habitaban y con sus formas de
acceso a los diversos recursos ambientales, de organización social y
política y de relación con otros grupos similares o con los incas.
El noroeste y centro de la Argentina -en los territorios que
durante la colonia correspondían a las gobernaciones de Tucumán
(provincias de Jujuy, Salta, Tucumán, La Rioja, Catamarca, Santiago
del Estero y Córdoba) y Cuyo (provincias de Mendoza, San Júan y San
Luis)-estaban habitados por pueblos agricultores con residencias
estables en aldeas y que, en consecuencia, necesitaban organizar la
forma de acceder a los productos que no había en su zona.
Comenzando desde el oeste y avanzando hacia el este, la primera
franja longitudinal era la costa del océano Pacífico con sus
recursos marítimos, la segunda era el desierto chileno con sus
minerales, la tercera era la Puna con sus ganados y sales, la cuarta
fueron los valles y quebradas con su producción agrícola, seguidos
por el pie de monte que conectaba con la llanura, donde finalmente
estaban los bosques y selvas con recursos variados como las maderas,
mates, calabazas, el cebil (alucinógeno) y las plumas. Esto implica que la forma más habitual de
comunicación entre los distintos pueblos indígenas tenía una
orientación este-oeste, totalmente distinta de la orientación
norte-sur que luego impondrán los españoles. No nos referiremos a
los pueblos que habitaban el Chaco y la Patagonia pues ellos lograron
continuar fuera de la sujeción española durante todo el período
colonial
Los pueblos de la Puna
Dentro de la gobernación del Tucumán, en el espacio situado en
el extremo noroeste de la Argentina, estaban los casabindos y
cochinocas, integrados en un conjunto mayor de pueblos semejantes,
como los lipes, atacamas, chichas y apatamas, con quíenes mantenían
pacíficas relaciones. Todos ellos habitaban la Puna, elevada
planicie situada a 3.500 metros de altura sobre el nivel del mar, con
algunos cordones montañosos menores cuya extensión sobrepasa la
actual frontera argentina. Los pueblos de esta zona, caracterizada
por sus condiciones climáticas extremas. Tenían como principal
recurso los numerosos rebaños de camélidos andinos (vicuñas,
guanacos y llamas que servían para carga y brindaban carne y lana),
acompañado por la sal, el oro, las piedras especiales para construir
distintos instrumentos, la caza y la recolección de huevos y
vegetales. La agricultura era posible en reducidos lugares y con la
incorporación de gran esfuerzo y organización. La intervención
del Estado incaico en esta zona no produjo mayores resistencias
Los pueblos de valles y quebradas
Ubicada entre las franjas de Puna y la de selvas y chaco se
encuentra la franja longitudinal de valles y quebradas que corre
desde Jujuy por el norte hasta San Juan por el sur, la que estaba
densamente poblada por numerosos grupos como los tilcaras, omaguacas,
osas y ocloyas en la parte norte, y los diaguitas en la parte sur que
comprendía los valles Calchaquíes y se continuaba hacia La Rioja y
Catamarca. Los valles y quebradas eran una zona con excelentes
recursos debido a que sus tierras y clima se adecuaban a las
prácticas agrícolas y el regadío, permitiendo lograr buenas
cosechas con mucho menos esfuerzo que en la Puna. A diferencia de la
Puna, en la parte sur de la zona de valles y quebradas hubo una
fuerte resistencia a la intervención incaica que culminó dejando
múltiples conflictos entre los distintos pueblos. Los incas sólo
lograron asentarse sobre la base de la presión militar de sus
numerosos fuertes y del traslado de miles de sus aliados indígenas
(los mitmaqkuna) provenientes del Cuzco o de la cercana zona
santiagueña. Los españoles, que desde un inicio estuvieron muy
interesados en contar con los alimentos que producían y conservaban
los pueblos de tierras altas como la Puna, valles y quebradas, no
lograron su colaboración y tuvieron que enfrentar una tenaz
resistencia durante largos años. En esas luchas, ellos utilizarán a
su favor los antiguos enfrentamientos entre los grupos indígenas.
Los pueblos de la mesopotamia santiagueña
Son los primeros pueblos asentados en tierras bajas. Esta zona
necesitaba permanentemente de los productos ganaderos de la Puna y
estacionalmente de los granos de los valles o de los productos de los
bosques, mientras que la sal la obtenían de las cercanas salinas
situadas al sur. Sus relaciones con otros pueblos eran muy
frecuentes, y los españoles se sorprendieron de sus habilidades y
buena predisposición hacia los intercambios. Según A. M. Lorandi,
los andinos incas llamaban juríes a los pobladores de Santiago del
Estero, a los que consideraban gente salvaje y semisedentaria que
habitaba las tierras bajas y húmedas. A pesar de esta
caracterización menospreciativa, el Estado inca estableció una
alianza con ellos y éstos colaboraron en la defensa de la frontera
oriental del imperio contra los avances de los chiriguanos y también
en el control de las poblaciones serranas conquistadas en los valles
Calchaquíes donde fueron instalados como mitmaqkuna, recibiendo
tierras y otros privilegios. Frente a los españoles los juríes
tuvieron un comportamiento ambivalente, enfrentándolos o negociando
con ellos, pero luego fueron los aliados que les permitieron
establecer el primer asentamiento permanente: la ciudad de Santiago
del Estero.
Los pueblos de las sierras centrales en Córdoba
Sus relaciones con otras zonas eran más débiles, posiblemente
debido a la gran cantidad de recursos a los que accedían en tierras
cercanas. según fray Reginaldo Lizárraga (1600), Córdoba era la
única zona de la gobernación del Tucumán donde "no alcanzó
el gobierno del inca".
Los pueblos de la zona cuyana
El territorio ocupado por las actuales provincias de San Juan,
Mendoza y quizá parte de La Rioja y la zona paralela ubicada en
Chile eran una sola jurisdicción incaica que incluía a los huarpes
como un grupo entre varios. En este espacio se puede observar
claramente la relación este-oeste ya que se dieron contactos muy
frecuentes entre los pueblos de las distintas "franjas".
Los huarpes se relacionaron pacíficamente con los primeros españoles
que llegaron a Chile y no ofrecieron ninguna resistencia. Esto, en
parte, ocasionó que estos pueblos quedaran bajo la jurisdicción de
la gobernación de Chile y que en su mayoría fueran trasladados
hacia esa zona.
La diversidad de los pueblos indígenas
Como vimos, los pueblos de la Puna, valles y quebradas,
mesopotamia santiagueña, sierras centrales y de Cuyo tenían
distintas formas de organizarse a nivel social y político. Esto fue
advertido por los conquistadores y los religiosos que intentaban
imponer el sistema de colonización y evangelización. Según ellos,
los indios de la Puna y de los valles y quebradas era la gente de
"más razón" y "para mucho" (de muchas
posibilidades) que "saben servir" al igual que en el Perú
y que vivían "con respeto hacia sus caciques". Los de la
mesopotamia santiagueña y los huarpes de la zona cuyana eran de
"'menos razón" y respeto hacia sus caciques que los
anteriores, aunque también era "gente bien partida"; con
lo cual hacían referencia a su capacidad para relacionarse en los
intercambios y a sus alianzas con los incas y con los españoles. Los
de las sierras de Córdoba y los lules, con sus caciques también de
poca autoridad, era gente "más sin razón" que los
anteriores y de tan "poca capacidad" que, en el caso de
Córdoba, habían sido dejados de lado por el inca. Se entiende que
estos análisis comparativos partían de un conjunto de preconceptos
donde se valoraba en primer lugar al Estado incaico y luego a
aquellos sistemas económicos y políticos similares a los andinos,
con capacidad para generar excedentes y con una redistribución de
los mismos en manos de respetados señores étnicos (los "caciques"
o "curacas"), clarame!)te diferenciados del resto de la
población
Los pueblos de la zona pampeana y el litoral
Todavía dentro de la gobernación del Tucumán estaban los indios
ubicados cerca del río Quinto. Para el oidor Alfaro (1612), éstos
eran "la gente más sin orden que en esta gobernación hay"
ya que "no han tenido pueblo asentado" y sólo se "sujetan"
a los españoles cuando quieren. Con estos dos últimos grupos
lograron establecer incipientes relaciones amistosas los españoles a
principios del siglo XVI, pero luego fueron atacados viéndose
obligados a abandonar las nuevas fundaciones. La dependencia de los
españoles de los alimentos indígenas explica tanto la tardía
colonización del Río de la Plata y de las zonas adyacentes como la
estable instalación en el Paraguay. Esta zona estaba habitada por
los sedentarios guaraníes, con sus cultivos de maíz, mandioca-y
batata, en guerra permanente con los guaycurúes, tupís y otros
grupos vecinos que asaltaban sus cultivos.
Los pueblos de selvas y chaco
Para culminar corresponde mencionar una de las zonas que no
pudieron ser invadidas ni colonizadas hasta el siglo XIX, la zona de
selvas y chaco, llamada también del Chaco, caracterizada por su
elevada temperatura y humedad. Si bien los españoles impusieron una
forma de comunicación con orientación norte-sur y no conquistaron
estas zonas, nos importa remarcar su presencia ya que la falta de
control colonial no implicaba la interrupción de las relaciones de
orientación este-oeste entre los grupos indígenas.

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