miércoles, 25 de septiembre de 2019

Los grupos indigenas en el actual territorio argentino


Indios Lules
Los tres siglos del período colonial, desde el XVI al XVIII, concluyeron con la poblacion indígena diezmada por guerras, epidemias, exceso de trabajo y matos tratos, y con la mitad de los indios sobrevivientes sin presentar diferencias sociales y culturales significativas luego de un proceso donde fueron perdiendo sus tierras, su sistema económico-social y sus autoridades tradicionales.


Estamos frente a un Estado colonial que necesita colonizar un mundo indígena diverso situado en estas gobernaciones consideradas como pobres y de frontera, debido a la falta de grandes minas de oro y plata y a la gran distancia que las separaba de la ciudad de Lima, capital del Virreinato del Perú. En estas tierras el Estado colonial será especialmente flexible frente a los "vecinos encomenderos" y sus intereses, a pesar de que esto sucede en un período donde la política general de la corona era ir centralizando las funciones del Estado mientras recortaba el poder de los señores. Para evitar la incorrecta unificación de todas estas sociedades con el nombre genérico de "indios" y la larga descripción de cada grupo en particular, se agrupará a los distintos pueblos indígenas de acuerdo con las zonas que habitaban y con sus formas de acceso a los diversos recursos ambientales, de organización social y política y de relación con otros grupos similares o con los incas.


El noroeste y centro de la Argentina -en los territorios que durante la colonia correspondían a las gobernaciones de Tucumán (provincias de Jujuy, Salta, Tucumán, La Rioja, Catamarca, Santiago del Estero y Córdoba) y Cuyo (provincias de Mendoza, San Júan y San Luis)-estaban habitados por pueblos agricultores con residencias estables en aldeas y que, en consecuencia, necesitaban organizar la forma de acceder a los productos que no había en su zona.


Comenzando desde el oeste y avanzando hacia el este, la primera franja longitudinal era la costa del océano Pacífico con sus recursos marítimos, la segunda era el desierto chileno con sus minerales, la tercera era la Puna con sus ganados y sales, la cuarta fueron los valles y quebradas con su producción agrícola, seguidos por el pie de monte que conectaba con la llanura, donde finalmente estaban los bosques y selvas con recursos variados como las maderas, mates, calabazas, el cebil (alucinógeno) y las plumas. Esto implica que la forma más habitual de comunicación entre los distintos pueblos indígenas tenía una orientación este-oeste, totalmente distinta de la orientación norte-sur que luego impondrán los españoles. No nos referiremos a los pueblos que habitaban el Chaco y la Patagonia pues ellos lograron continuar fuera de la sujeción española durante todo el período colonial




Los pueblos de la Puna
Dentro de la gobernación del Tucumán, en el espacio situado en el extremo noroeste de la Argentina, estaban los casabindos y cochinocas, integrados en un conjunto mayor de pueblos semejantes, como los lipes, atacamas, chichas y apatamas, con quíenes mantenían pacíficas relaciones. Todos ellos habitaban la Puna, elevada planicie situada a 3.500 metros de altura sobre el nivel del mar, con algunos cordones montañosos menores cuya extensión sobrepasa la actual frontera argentina. Los pueblos de esta zona, caracterizada por sus condiciones climáticas extremas. Tenían como principal recurso los numerosos rebaños de camélidos andinos (vicuñas, guanacos y llamas que servían para carga y brindaban carne y lana), acompañado por la sal, el oro, las piedras especiales para construir distintos instrumentos, la caza y la recolección de huevos y vegetales. La agricultura era posible en reducidos lugares y con la incorporación de gran esfuerzo y organización. La intervención del Estado incaico en esta zona no produjo mayores resistencias



Los pueblos de valles y quebradas
Ubicada entre las franjas de Puna y la de selvas y chaco se encuentra la franja longitudinal de valles y quebradas que corre desde Jujuy por el norte hasta San Juan por el sur, la que estaba densamente poblada por numerosos grupos como los tilcaras, omaguacas, osas y ocloyas en la parte norte, y los diaguitas en la parte sur que comprendía los valles Calchaquíes y se continuaba hacia La Rioja y Catamarca. Los valles y quebradas eran una zona con excelentes recursos debido a que sus tierras y clima se adecuaban a las prácticas agrícolas y el regadío, permitiendo lograr buenas cosechas con mucho menos esfuerzo que en la Puna. A diferencia de la Puna, en la parte sur de la zona de valles y quebradas hubo una fuerte resistencia a la intervención incaica que culminó dejando múltiples conflictos entre los distintos pueblos. Los incas sólo lograron asentarse sobre la base de la presión militar de sus numerosos fuertes y del traslado de miles de sus aliados indígenas (los mitmaqkuna) provenientes del Cuzco o de la cercana zona santiagueña. Los españoles, que desde un inicio estuvieron muy interesados en contar con los alimentos que producían y conservaban los pueblos de tierras altas como la Puna, valles y quebradas, no lograron su colaboración y tuvieron que enfrentar una tenaz resistencia durante largos años. En esas luchas, ellos utilizarán a su favor los antiguos enfrentamientos entre los grupos indígenas.



Los pueblos de la mesopotamia santiagueña
Son los primeros pueblos asentados en tierras bajas. Esta zona necesitaba permanentemente de los productos ganaderos de la Puna y estacionalmente de los granos de los valles o de los productos de los bosques, mientras que la sal la obtenían de las cercanas salinas situadas al sur. Sus relaciones con otros pueblos eran muy frecuentes, y los españoles se sorprendieron de sus habilidades y buena predisposición hacia los intercambios. Según A. M. Lorandi, los andinos incas llamaban juríes a los pobladores de Santiago del Estero, a los que consideraban gente salvaje y semisedentaria que habitaba las tierras bajas y húmedas. A pesar de esta caracterización menospreciativa, el Estado inca estableció una alianza con ellos y éstos colaboraron en la defensa de la frontera oriental del imperio contra los avances de los chiriguanos y también en el control de las poblaciones serranas conquistadas en los valles Calchaquíes donde fueron instalados como mitmaqkuna, recibiendo tierras y otros privilegios. Frente a los españoles los juríes tuvieron un comportamiento ambivalente, enfrentándolos o negociando con ellos, pero luego fueron los aliados que les permitieron establecer el primer asentamiento permanente: la ciudad de Santiago del Estero.


Los pueblos de las sierras centrales en Córdoba
Sus relaciones con otras zonas eran más débiles, posiblemente debido a la gran cantidad de recursos a los que accedían en tierras cercanas. según fray Reginaldo Lizárraga (1600), Córdoba era la única zona de la gobernación del Tucumán donde "no alcanzó el gobierno del inca".


Los pueblos de la zona cuyana
El territorio ocupado por las actuales provincias de San Juan, Mendoza y quizá parte de La Rioja y la zona paralela ubicada en Chile eran una sola jurisdicción incaica que incluía a los huarpes como un grupo entre varios. En este espacio se puede observar claramente la relación este-oeste ya que se dieron contactos muy frecuentes entre los pueblos de las distintas "franjas". Los huarpes se relacionaron pacíficamente con los primeros españoles que llegaron a Chile y no ofrecieron ninguna resistencia. Esto, en parte, ocasionó que estos pueblos quedaran bajo la jurisdicción de la gobernación de Chile y que en su mayoría fueran trasladados hacia esa zona.



La diversidad de los pueblos indígenas
Como vimos, los pueblos de la Puna, valles y quebradas, mesopotamia santiagueña, sierras centrales y de Cuyo tenían distintas formas de organizarse a nivel social y político. Esto fue advertido por los conquistadores y los religiosos que intentaban imponer el sistema de colonización y evangelización. Según ellos, los indios de la Puna y de los valles y quebradas era la gente de "más razón" y "para mucho" (de muchas posibilidades) que "saben servir" al igual que en el Perú y que vivían "con respeto hacia sus caciques". Los de la mesopotamia santiagueña y los huarpes de la zona cuyana eran de "'menos razón" y respeto hacia sus caciques que los anteriores, aunque también era "gente bien partida"; con lo cual hacían referencia a su capacidad para relacionarse en los intercambios y a sus alianzas con los incas y con los españoles. Los de las sierras de Córdoba y los lules, con sus caciques también de poca autoridad, era gente "más sin razón" que los anteriores y de tan "poca capacidad" que, en el caso de Córdoba, habían sido dejados de lado por el inca. Se entiende que estos análisis comparativos partían de un conjunto de preconceptos donde se valoraba en primer lugar al Estado incaico y luego a aquellos sistemas económicos y políticos similares a los andinos, con capacidad para generar excedentes y con una redistribución de los mismos en manos de respetados señores étnicos (los "caciques" o "curacas"), clarame!)te diferenciados del resto de la población



Los pueblos de la zona pampeana y el litoral
Todavía dentro de la gobernación del Tucumán estaban los indios ubicados cerca del río Quinto. Para el oidor Alfaro (1612), éstos eran "la gente más sin orden que en esta gobernación hay" ya que "no han tenido pueblo asentado" y sólo se "sujetan" a los españoles cuando quieren. Con estos dos últimos grupos lograron establecer incipientes relaciones amistosas los españoles a principios del siglo XVI, pero luego fueron atacados viéndose obligados a abandonar las nuevas fundaciones. La dependencia de los españoles de los alimentos indígenas explica tanto la tardía colonización del Río de la Plata y de las zonas adyacentes como la estable instalación en el Paraguay. Esta zona estaba habitada por los sedentarios guaraníes, con sus cultivos de maíz, mandioca-y batata, en guerra permanente con los guaycurúes, tupís y otros grupos vecinos que asaltaban sus cultivos.



Los pueblos de selvas y chaco
Para culminar corresponde mencionar una de las zonas que no pudieron ser invadidas ni colonizadas hasta el siglo XIX, la zona de selvas y chaco, llamada también del Chaco, caracterizada por su elevada temperatura y humedad. Si bien los españoles impusieron una forma de comunicación con orientación norte-sur y no conquistaron estas zonas, nos importa remarcar su presencia ya que la falta de control colonial no implicaba la interrupción de las relaciones de orientación este-oeste entre los grupos indígenas.

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