Los españoles que vinieron a estas tierras años después de la
conquista de las ricas zonas centrales de los imperios azteca e inca
eran aquellos que se habían visto obligados a avanzar hacia nuevas
tierras por no haber alcanzado los beneficios esperados o por ser
miembros de conflictivas facciones de españoles enfrentadas entre
sí. Vinieron en sucesivas oleadas y muchos murieron en estas tierras
sin lograr mayor riqueza, pero fueron el origen de un sólido grupo
de "vecinos encomenderos". El período inicial de la
conquista se caracterizó por su prolongada duración de medio siglo
y por los frecuentes conflictos entre los mismos conquistadores; su
culminación no implicó el fin de los enfrentamientos militares ya
que la resistencia de los pueblos de los valles Calchaquíes continuó
un siglo más y durante todo el período colonial se mantuvieron
conflictivas relaciones con los indios no sometidos del Chaco, la
Pampa y la Patagonia y también con los portugueses. Esta constante
actividad militar implicó la necesidad de la colaboración de los
antiguos conquistadores, luego devengados en encomenderos, y fue la
base sobre la cual se consolidó un poder privado que siempre logró
negociar -desde una sólida posición- la aplicación de las
políticas de la corona.
En el sistema colonial que se impuso en estas tierras incidieron
los siguientes factores:
a) las distintas características de las sociedades indígenas,
b) las diferentes relaciones que ellas mantuvieron con el incario
(temas ya tratados),
c) el tipo de españoles que conformaron las huestes,
d) las características del proceso de conquista
e) las relaciones indio-españolas durante el período de la
conquista.
El inicio de la "conquista" no fue igual en todas las
zonas. La expedición conquistadora que fundó los primeros asientos
en las costas del Río de la Plata y del Paraná debió trasladarlos
a causa de la resistencia indígena provocada por la pretensión de
obtener alimentos o trabajo de sociedades que no tenían mayor
capacidad para generar excedentes. Esta expedición terminó fundando
Asunción en tierras de los sedentarios y agrícolas guaraníes y, si
bien éstos se sublevaron en 1538 y 1539, la colonización se fue
consolidando.
En las gobernaciones de Cuyo y Tucumán, cuyos pueblos habían
tenido una relación previa con el incario, la historia de la
"conquista" se inició con el ingreso de los españoles
junto con los miembros de un linaje inca. Diego de Almagro,
gobernador de la parte sur del imperio inca en proceso de conquista y
aliado de uno de sus linajes, realizó el viaje acompañado de un
inca y un jerarca religioso -"Paullu Inka y un wilkahuma" -
y de un ejército de españoles e indios que marcharon por las
provincias incaicas, usando su camino y aprovisionándose en sus
depósitos estatales. Esta expedición proveniente del Perú, y que
recorrió la Puna y los valles Calchaquíes antes de cruzar a Chile,
no logró el apoyo de todas las poblaciones comprendidas en su
extensa ruta debido al proceso de desestructuración política en el
que había entrado el Estado inca desde 1533, con el consecuente
reforzamiento e independencia de los señores étnicos locales que
antes le obedecían.
En Charcas (al sur de la actual Bolivia) desapareció el Wilkahuma
y comenzó la resístencia de los indios cargadores en la Puna se
abastecieron sin problemas pero en los valles Calchaquíes debieron
enfrentar un ejército con el que libraron una batalla de la que
resultaron gran cantidad de muertos y la deserción en masa de los
indios cargadores. Finalmente culminaron el viaje haciendo un trágico
cruce de la cordillera, en invierno, donde muchísimos indios
murieron de hambre y de frío y los españoles sobrevivieron
comiéndose los caballos. Debido a la resistencia encontrada, esta
expedición optó por retornar por otra ruta distinta de la anterior.
Estos enfrentamientos iniciales marcaron la futura historia de la
conquista en las tierras altas de la gobernación del Tucumán. Ocho
años después, en 1543, cuando en el Perú recién se había
controlado la guerra civil que enfrentó a los partidarios de Almagro
y los de Pizarro, se reanudó el avance hacia el Tucumán con una
nueva hueste española acompañada de "indios amigos". Como
era habitual, los gastos de esta expedición fueron costeados por los
propios conquistadores; Diego de Rojas, Felipe Gutiérrez y Nicolás
de Heredia invirtieron 90.000 pesos en la empresa. Los
conquistadores, que siguieron la misma ruta que Almagro, ya en la
Puna debieron defenderse de una hostilidad indígena que se fue
haciendo cada vez más violenta a medida que avanzaban en el valle
Calchaquí, la que los obligó a bajar hacia las tierras situadas al
oriente. Las tierras bajas de las actuales provincias de Tucumán,
Santiago del Estero y Córdoba, con un cruce hasta el río Paraná,
fueron recorridas durante dos años por esta expedición. Aquí
enfrentaron ataques indígenas que les produjeron fuertes bajas fanto
de españoles (por ejemplo, Diego de Rojas muere por una flecha
envenenada) como de indios amigos pero, a pesar de ello, lograron
cierto nivel de asentamiento, seguramente favorecidos por la
efectividad que tenía su armamento en las tierras de llanura. Los
enfrentamientos con los indios muchas veces se daban a causa del robo
de alimentos en períodos alejados de la época decosechas, lo que
nos advierte sobre la dificultad de las poblaciones indígenas de las
tierras bajas para alimentar a los españoles en períodos donde
ellos subsistían sobre la base de la caza y la recolección. Por esa
causa los españoles se interesaban tanto por el control de los
pueblos de las tierras altas poseedores de excedentes alimentarios y
de capacidad para conservarlos; pero estos conquistadores, que desde
el principio fueron derrotados en las tierras altas de la Puna y los
valles Calchaquíes, sufrieron la misma suerte cada vez que quísieron
volver a ingresar a ellas.
El conocimiento de los pueblos a través de las relaciones
heredadas del incario y la experiencia de las primeras expediciones
posibilítaron un proceso de conquista que se fue consolidando sobre
la base de la fundación de una red de aldeas-fuertes denominadas
ciudades, ubicadas en las tierras bajas situadas a la orilla de las
sierras y montañas. Dicho proceso no fue continuo y estuvo
caracterizado por los permanentes conflictos entre las distintas
huestes de los conquistadores que se enfrentaban entre sí por las
encomiendas de indios, cuyo control aportaría el reconocimiento
señorial y los retornos económicos que permitirían recuperar el
capital invertido. En cada hueste se daba una particular relación
entre capitanes y soldados, allí pesaba más la capacidad de
liderazgo de los primeros que su jerarquía, y la insubordinación de
la mayoría solía cambiar las rutas y también los jefes.
Generalizando, puede decirse que los grupos indígenas que se
aliaron a los españoles tendieron a ser los mismos que anteriormente
eran aliados de los incas, y que ellos también participaron en la
"conquista" de aquellos pueblos con los que se venían
enfrentando desde el período incaico. Esta afirmación de orden
general refleja sólo una tendencia en tanto era imposible una
respuesta uniforme de parte de sociedades gobernadas por un
fragmentado poder político, no unificado de forma permanente.
Desde 1557 hasta 1562, durante el gobierno de Pérez de Zurita,
por primera vez se vivió un período de paz general que alcanzó
incluso a los pueblos de tierras altas que permitió la fundación de
las tres ciudades en los valles Calchaquíes que aseguraban el paso a
Chile por el camino del inca. También en la Puna, en 1557, el
cacique Coyoacona de Casabindo acordó la paz con españoles
provenientes de Charcas, dentro de una compleja alianza en la cual
participaban los señores de los pueblos chichas, atacamas y lipes.
Esta paz fue el fruto de una actitud negociadora española que
respondía a una política general del virreinato cuyo gobernante era
el marqués de Cañete, personaje reconocido por su política
protectora hacia los indios. Los españoles no mantuvieron una
política de alianza permanente frente a los grupos indígenas; los
enfrentamientos entre las distintas huestes hicieron que dichas
políticas dependieran de las características personales de cada
jefe, las que a veces coincidían con las también cambiantes
políticas de las autoridades superiores del virreinato peruano. La
paz se rompió estrepitosamente en 1562 cnando llegó una nueva
autoridad que destituyó a Pérez de Zurita y desconoció los pactos
acordados con los indios. La consecuencia fue el desencadenamiento de
la gran rebelión de "toda la tierra" (tierras altas y
bajas), que se verá con más detalle en otro capítulo.
Sintetizando, esta rebelión redujo el asentamiento español a.sólo
el territorio de la ciudad de Santiago, lugar donde quedaron cercados
durante largo tiempo mientras los. indígenas destruían las tres
ciu-dades de los valles Calchaquíes y cortaban el camino a Chile y a
Charcas.

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