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| Conquista del Perú |
La conquista de América, un continente que era más de 80 veces
España, fue realizada en menos de 30 años por unos miles de
peninsulares –seguramente no llegarían a los 10.000- que
recorrieron el continente buscando sus centros de mayor riqueza para
establecer sobre ellos fundaciones coloniales. Guiados por los
informes de los indios, fueron alcanzando los núcleos de poder y
cultura de la América precolombina y los dominaron.
Coincide con el reinado del emperador Carlos I y encaja en la
política imperial. La actuación inicial del monarca fue abrir las
Indias a la explotación internacional y otorgar sus dominios en
régimen de señorío. Sin embargo, Carlos I cambió de política
como consecuencia de tres hechos importantes: la conquista de México,
el fracaso de las comunidades y el descubrimiento de las Molucas. A partir de entonces, Carlos I asumió directamente el realengo de
las tierras de Indias y dio marcha atrás en su explotación
internacional. La expresión de la nueva tendencia imperial fue la
creación del Consejo de Indias en 1523, un organismo que vigilaría
celosamente los intereses del monarca. Fue similar al Consejo de
Castilla. Se le encomendaron todos los problemas de Gobierno
(propuesta y selección de los nombramientos de los funcionarios
civiles y eclesiásticos) y Justicia de Indias. Los Consejeros fueron
elegidos entre personas que, por lo regular, habían desempeñado
cargos en América, lo que convirtió a la institución en un
instrumento competente de gobierno. De hecho, el Consejo fue el
verdadero responsable de toda la acción conquistadora.
A simple vista podría parecer una operación militar, organizada,
centralizada y protagonizada por grandes ejércitos y batallas
espectaculares, pero excepto en un par de casos no fue así. La
conquista de América fue un breve proceso en el que
mediante diversas acciones realizadas por unos pocos hombres, que
buscando un futuro mejor atravesaron mares desconocidos y recorrieron
a pie miles de kilómetros de selvas, desiertos, montañas y que
fueron capaces de explorar y derrotar a grandes imperios y pequeñas
tribus y no solamente mediante hechos de armas, sino también
mediante un hábil e inteligente uso de la diplomacia y
la política. A la vez que se conquistaba se colonizaba
mediante una ingente fundación de municipios
instaurando las leyes castellanas y creando
instituciones políticas y religiosas propias.
Realmente de hechos de conquista y colonización no podría
hablarse hasta el primer enfrentamiento serio entre nativos y
castellanos en la batalla de la Vega Real en 1495,
que abrió a estos el gran valle del Cibao en
la isla Española y su expansión hacia el
sur fundando los primeros establecimientos y núcleos urbanos
hispanos en América como la Isabela o Santo Domingo.
Leyendo los documentos oficiales sobre esos primeros años la
intencionalidad de las misiones era principalmente económica. La
corona castellana necesitaba recursos y la posibilidad de abrir
nuevas rutas comerciales hacia el oeste fue la mejor opción ante el
bloqueo de las rutas terrestres por los turcos hacia Asia y por los
portugueses por vía marítima. Pero al poco tiempo el espíritu
religioso y de cruzada se impuso sobre todo desde que el papa
Alejandro VI otorgó mediante bula las tierras
descubiertas a la corona castellana bajo la condición de que los
nativos de dichas tierras fueran convertidos al catolicismo.
Tradicionalmente los cronistas de
Indias menospreciaron el papel de las tribus nativas en
la conquista de América, dejando toda la gloria de las victorias a
los españoles. En su lucha contra éstos fueron bravos y duros
guerreros, muy al contrario de la imagen que los indigenistas
dan de ellos postulándolos como blandos y dominables por los duros y
malvados españoles. Estos indigenistas olvidan que muchas de
esas tribus nativas se aliaron con los extranjeros para vencer a
enemigos nativos en sus rencillas locales. Esto fue muy bien
aprovechado por casi todos los conquistadores. Hernán
Cortés sin los tlaxcaltecas o los totonacas poco
podría haber hecho para derrotar la gran ciudad de Tenochtitlán,
antes en manos del dubitativo Moctezuma, pero
en el ataque final tuvo que vencer a Cuauhtemoc,
terrible guerrero, sobrino del anterior que plantó cara de forma muy
seria a pesar de la epidemia de viruela que diezmó a sus ejércitos.
Ni Sebastián de Benalcázar habría
logrado vencer a los ejércitos quiteños de Rumiñauí y
de Quizquiz sin la colaboración de los
cañares, los cuales habían sido masacrados previamente por estos
generales por apoyar a Huáscar en la
guerra civil que vivió el imperio inca justo antes de la llegada
de Pizarro y sus hombres.
Los españoles, aparte de las alianzas, también supieron
aprovecharse de los rígidos protocolos de los nativos americanos,
según el cual si el general o el principal jefe del ejército caía
todos sus soldados huían aterrorizados al quedar descabezado el
mismo. Para más inri, en las batallas, era muy fácil identificar al
jefe por las ropas y plumajes que llevaban, por eso en muchos casos
centraron sus ataques sobre ese cabecilla. Caído este, final de la
batalla. Hernán Cortés así lo hizo en la batalla de
Otumba derrotando a un ejército infinitamente superior
tras haber recibido la paliza de la Noche Triste.
Igualmente, algunas costumbres nativas dieron ventaja militar a
los españoles, como por ejemplo entre los mexicas, el hecho de que
no quisiesen matar a sus oponentes en el fragor de la batalla, sino
tan solo herirlos para capturarlos y llevarlos al altar de
sacrificios.
Son muchos los distintos factores que intervinieron, así como la
variedad de circunstancias y lugares en que ocurrieron. Nada tiene
que ver, por ejemplo, la conquista de Perú con
la conquista del Río de la Plata, el primero
fue un golpe de mano, una acción rápida en la que el emperador inca
cayó, sin embargo la conquista del cono sur americano fue una lenta
sucesión de distintas expediciones, casi ninguna militar, que
terminó con la creación de varios asentamientos hispanos en la zona
y su incorporación como virreinato casi sin darse cuenta.
Durante la conquista de América nunca hubo un gran ejército
expedicionario español al mando de unos generales y con un armamento
unificado y poderoso. Todo se realizó mediante un instrumento
jurídico llamado capitulación. Estas eran unas concesiones
reales que se otorgaban a un capitán en concreto y por la cual
obtenía el permiso para formar una expedición, que tenía que
sufragar de su propio bolsillo, y un territorio delimitado en el cual
podía llevar acabo la acción conquistadora y colonizadora. El
beneficiario de la concesión tenía que financiar o buscar
financiación para la expedición y cuanto más dinero consiguiese
mayor podía ser esa expedición tanto en hombres como en
suministros. Los expedicionarios también en la mayoría de casos
aportaban lo que tenían para poder participar, muy pocos iban a
sueldo. Estimaban cual iba ser el fruto de la aventura y en función
de lo aportado así sería lo obtenido. Como podemos ver de ejército
regular tenía bien poco. Normalmente cada uno llevaba sus armas: su
espada y su escudo, o incluso, si eran más ricos su propio caballo,
algo muy valorado en la época; perderlo era una tragedia.
La estrategia militar también tuvo su importancia. Los
castellanos llevaban varios siglos de lucha contra el infiel en la
península y su hábitat natural era la frontera, dormir a cielo
abierto, estar preparado en cualquier momento para la batalla. Eso
forjó la rudeza de su carácter y ese espíritu de lucha que en
aquellos siglos también se hizo famosa por toda Europa.
Las nuevas técnicas militares y el uso de un armamento, cuando menos
llamativo, jugaron su papel, pero como digo, no fue decisivo. El uso
de la pólvora en tierras húmedas no era fácil, los arcabuces se
tardaba entre 1-2 minutos en recargar, tiempo suficiente para que un
enemigo llegase a tu altura y te hiriese. Las corazas servían en
lugares fríos pero en el calor habitual de las zonas tropicales y
desiertos meridionales eran impracticable utilizarlas para protegerse
de las flechas y las lanzas.
No es cuestión de hacer apología de unos hechos que
indudablemente fueron violentos y en muchos casos ocurrieron
durísimas barbaridades, no hay duda, pero tampoco hay que olvidar en
qué época histórica nos encontramos y qué métodos existían
tanto por los pueblos nativos como por os conquistadores.
Tampoco hay que olvidar que a pesar de toda esa violencia y esas
barbaridades cometidas la corona castellana siempre trató de
suavizar esas violencias y legislar para tratar de defender a los
nativos americanos. Durante esos duros años fueron emitidas
las Leyes de Burgos y las Leyes Nuevas de Indias para
suavizar ese choque que supuso el encuentro de dos civilizaciones
radicalmente distintas en todas las facetas de la vida. La corona
española a través de la iglesia llevó una ingente
labor de evangelización y de educación de los nativos en los
valores occidentales y trasladó a América todos sus conocimientos y
su cultura fusionándose con la ya existente, no sustituyéndola,
como algunos afirman.

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