domingo, 23 de junio de 2019

La conquista de América


Conquista del Perú
La conquista de América, un continente que era más de 80 veces España, fue realizada en menos de 30 años por unos miles de peninsulares –seguramente no llegarían a los 10.000- que recorrieron el continente buscando sus centros de mayor riqueza para establecer sobre ellos fundaciones coloniales. Guiados por los informes de los indios, fueron alcanzando los núcleos de poder y cultura de la América precolombina y los dominaron.

Coincide con el reinado del emperador Carlos I y encaja en la política imperial. La actuación inicial del monarca fue abrir las Indias a la explotación internacional y otorgar sus dominios en régimen de señorío. Sin embargo, Carlos I cambió de política como consecuencia de tres hechos importantes: la conquista de México, el fracaso de las comunidades y el descubrimiento de las Molucas. A partir de entonces, Carlos I asumió directamente el realengo de las tierras de Indias y dio marcha atrás en su explotación internacional. La expresión de la nueva tendencia imperial fue la creación del Consejo de Indias en 1523, un organismo que vigilaría celosamente los intereses del monarca. Fue similar al Consejo de Castilla. Se le encomendaron todos los problemas de Gobierno (propuesta y selección de los nombramientos de los funcionarios civiles y eclesiásticos) y Justicia de Indias. Los Consejeros fueron elegidos entre personas que, por lo regular, habían desempeñado cargos en América, lo que convirtió a la institución en un instrumento competente de gobierno. De hecho, el Consejo fue el verdadero responsable de toda la acción conquistadora.
A simple vista podría parecer una operación militar, organizada, centralizada y protagonizada por grandes ejércitos y batallas espectaculares, pero excepto en un par de casos no fue así. La conquista de América fue un breve proceso en el que mediante diversas acciones realizadas por unos pocos hombres, que buscando un futuro mejor atravesaron mares desconocidos y recorrieron a pie miles de kilómetros de selvas, desiertos, montañas y que fueron capaces de explorar y derrotar a grandes imperios y pequeñas tribus y no solamente mediante hechos de armas, sino también mediante un hábil e inteligente uso de la diplomacia y la política. A la vez que se conquistaba se colonizaba mediante una ingente fundación de municipios instaurando las leyes castellanas y creando instituciones políticas y religiosas propias.
Realmente de hechos de conquista y colonización no podría hablarse hasta el primer enfrentamiento serio entre nativos y castellanos en la batalla de la Vega Real en 1495, que abrió a estos el gran valle del Cibao en la isla Española y su expansión hacia el sur fundando los primeros establecimientos y núcleos urbanos hispanos en América como la Isabela o Santo Domingo.
Leyendo los documentos oficiales sobre esos primeros años la intencionalidad de las misiones era principalmente económica. La corona castellana necesitaba recursos y la posibilidad de abrir nuevas rutas comerciales hacia el oeste fue la mejor opción ante el bloqueo de las rutas terrestres por los turcos hacia Asia y por los portugueses por vía marítima. Pero al poco tiempo el espíritu religioso y de cruzada se impuso sobre todo desde que el papa Alejandro VI otorgó mediante bula las tierras descubiertas a la corona castellana bajo la condición de que los nativos de dichas tierras fueran convertidos al catolicismo.
Tradicionalmente los cronistas de Indias menospreciaron el papel de las tribus nativas en la conquista de América, dejando toda la gloria de las victorias a los españoles. En su lucha contra éstos fueron bravos y duros guerreros,  muy al contrario de la imagen que los indigenistas dan de ellos postulándolos como blandos y dominables por los duros y malvados españoles. Estos indigenistas olvidan que muchas de esas tribus nativas se aliaron con los extranjeros para vencer a enemigos nativos en sus rencillas locales. Esto fue muy bien aprovechado por casi todos los conquistadores. Hernán Cortés sin los tlaxcaltecas o los totonacas poco podría haber hecho para derrotar la gran ciudad de Tenochtitlán, antes en manos del dubitativo Moctezuma, pero en el ataque final tuvo que vencer a Cuauhtemoc, terrible guerrero, sobrino del anterior que plantó cara de forma muy seria a pesar de la epidemia de viruela que diezmó a sus ejércitos.  Ni Sebastián de Benalcázar habría logrado vencer a los ejércitos quiteños de Rumiñauí y de Quizquiz sin la colaboración de los cañares, los cuales habían sido masacrados previamente por estos generales por apoyar a Huáscar en la guerra civil que vivió el imperio inca justo antes de la llegada de Pizarro y sus hombres.

Los españoles, aparte de las alianzas, también supieron aprovecharse de los rígidos protocolos de los nativos americanos, según el cual si el general o el principal jefe del ejército caía todos sus soldados huían aterrorizados al quedar descabezado el mismo. Para más inri, en las batallas, era muy fácil identificar al jefe por las ropas y plumajes que llevaban, por eso en muchos casos centraron sus ataques sobre ese cabecilla. Caído este, final de la batalla. Hernán Cortés así lo hizo en la batalla de Otumba derrotando a un ejército infinitamente superior tras haber recibido la paliza de la Noche Triste.
Igualmente, algunas costumbres nativas dieron ventaja militar a los españoles, como por ejemplo entre los mexicas, el hecho de que no quisiesen matar a sus oponentes en el fragor de la batalla, sino tan solo herirlos para capturarlos y llevarlos al altar de sacrificios.
Son muchos los distintos factores que intervinieron, así como la variedad de circunstancias y lugares en que ocurrieron. Nada tiene que ver, por ejemplo, la conquista de Perú con la conquista del Río de la Plata, el primero fue un golpe de mano, una acción rápida en la que el emperador inca cayó, sin embargo la conquista del cono sur americano fue una lenta sucesión de distintas expediciones, casi ninguna militar, que terminó con la creación de varios asentamientos hispanos en la zona y su incorporación como virreinato casi sin darse cuenta.
Durante la conquista de América nunca hubo un gran ejército expedicionario español al mando de unos generales y con un armamento unificado y poderoso. Todo se realizó mediante un instrumento jurídico llamado capitulación. Estas eran unas concesiones reales que se otorgaban a un capitán en concreto y por la cual obtenía el permiso para formar una expedición, que tenía que sufragar de su propio bolsillo, y un territorio delimitado en el cual podía llevar acabo la acción conquistadora y colonizadora. El beneficiario de la concesión tenía que financiar o buscar financiación para la expedición y cuanto más dinero consiguiese mayor podía ser esa expedición tanto en hombres como en suministros. Los expedicionarios también en la mayoría de casos aportaban lo que tenían para poder participar, muy pocos iban a sueldo. Estimaban cual iba ser el fruto de la aventura y en función de lo aportado así sería lo obtenido. Como podemos ver de ejército regular tenía bien poco. Normalmente cada uno llevaba sus armas: su espada y su escudo, o incluso, si eran más ricos su propio caballo, algo muy valorado en la época; perderlo era una tragedia.

La estrategia militar también tuvo su importancia. Los castellanos llevaban varios siglos de lucha contra el infiel en la península y su hábitat natural era la frontera, dormir a cielo abierto, estar preparado en cualquier momento para la batalla. Eso forjó la rudeza de su carácter y ese espíritu de lucha que en aquellos siglos también se hizo famosa por toda Europa. Las nuevas técnicas militares y el uso de un armamento, cuando menos llamativo, jugaron su papel, pero como digo, no fue decisivo. El uso de la pólvora en tierras húmedas no era fácil, los arcabuces se tardaba entre 1-2 minutos en recargar, tiempo suficiente para que un enemigo llegase a tu altura y te hiriese. Las corazas servían en lugares fríos pero en el calor habitual de las zonas tropicales y desiertos meridionales eran impracticable utilizarlas para protegerse de las flechas y las lanzas.
No es cuestión de hacer apología de unos hechos que indudablemente fueron violentos y en muchos casos ocurrieron durísimas barbaridades, no hay duda, pero tampoco hay que olvidar en qué época histórica nos encontramos y qué métodos existían tanto por los pueblos nativos como por os conquistadores.
Tampoco hay que olvidar que a pesar de toda esa violencia y esas barbaridades cometidas la corona castellana siempre trató de suavizar esas violencias y legislar para tratar de defender a los nativos americanos. Durante esos duros años fueron emitidas las Leyes de Burgos y las Leyes Nuevas de Indias para suavizar ese choque que supuso el encuentro de dos civilizaciones radicalmente distintas en todas las facetas de la vida. La corona española a través de la iglesia llevó una ingente labor de evangelización y de educación de los nativos en los valores occidentales y trasladó a América todos sus conocimientos y su cultura fusionándose con la ya existente, no sustituyéndola, como algunos afirman.

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